Lo que se vé y lo que no...

Ayer 24 de Diciembre de 2006, nos juntamos como de costumbre en la casa de mi tía en Pablo Podestá. A pesar de no tener planes a la noche luego de los 12, la ocasión no se prestó para estar mal por ningún motivo, ya que ante mis ojos se cruzaban cosas evidentes, que se ven y se escuchan todos los días, y otras que sólo son visibles a unos pocos ojos. Si se queda un minuto observando en silencio los alrededores, es sorprendente, por lo menos para mí, encontrar cosas de las que no había disfrutado en mucho tiempo, por no decir nunca.
Pues así me quedé durante un rato no tan largo.
Observé con detenimiento a mis 2 primos. Rodrigo, siempre ocupándose del tema "asado", y Paula ayudando y fumándose un buen cigarrillo. LLegaron "las chicas", el alma de la fiesta. Iara y Camila, mis primitas segundas. Empezaron los gritos de alegría al verme sentada allí, abrazo va abrazo viene y luego de eso la entrega de un hermoso dibujo hecho por ambas. Luego mi abuelo sentado en la punta de la mesa (ese es el luagr que siempre le toca) mirándolas fijo como pidiendo un saludo, a la vez con una sonrisa emocionante y cálida a la vez al descubrir que para él también había dibujos varios. Fue allí cuando decidí escribir esto en el blog. Ese momento me pareció digno de publicar y de interpretar como algo que no se vive todos los días.
Después de eso, la característica descompostura de mi abuela por posibles nervios, que gracias a Dios luego se le pasó, mi tía cortando verdura, Arjona de fondo a todo lo que dá, mi mamá dándome lecciones de vida con el clásico sermón del manejo, pero no me olvido de una frase dicha por mi abuela al vernos todas juntas: "Parece mentira como han crecido Dios mio". Me quedé mirándola con una sonrisa de oreja a oreja, al entender que todavía es consciente de nuestro crecimiento.
Luego vino el notición de la noche: yo sería prima segunda de alguien nuevamente gracias a otra de mis primas. Al decir "vas a ser bisabuela de nuevo" hacia mis abuelos, sus miradas apuntaron directamente a mi. Fue una situación extremadamente graciosa, e inmediatamente les aclaré que no sería madre aún, sino que se trataba de otra de mis primas, la del medio. Nunca olvidaré el gesto de mi abuela, que era una mezcla entre un "te voy a matar" y tal vez un poco de alegría porque se le cumpliría el sueño de verme casada y con hijos, ya que soy la más chica.
El resto de las cosas que pasaron por mis ojos en ese rato juntos no tienen comparación con lo que acabo de contar. Pero haré una breve mensión: el rito de esconder los regalos hasta las 12 que venga Papá Noel y el balance de todo el año que pude hacer mientras veía todo esto, balance que no es tan malo después de todo.


